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El Pato Donald bebe gin tonic en temporada electoral

Con Hispania sumida en la más profunda de las crisis, los ciudadanos recurrieron al Pato Donald y al Gintónic. Todo empezó en las redes sociales, claro. Como una broma, por supuesto.
Un bloguero muy ocurrente del que no quiero acordarme, escribió un artículo extremadamente sarcástico y muy celebrado en el que exponía, con todo lujo de detalles, cómo ya en la antigüedad, el Rey Filipo de Miscelánea —padre del famoso conquistador Alejandro el Gordo— celebraba conclaves con sus consejeros en los que, para decidir el futuro de su reino, se dedicaban a ingerir bebidas alcohólicas como si les fuera la vida en ello. Convenientemente ebrios, los consejeros y el rey perdían su estatus y se consideraban todos iguales a ojos de la ley, con lo que en la discusión no había cabida para la hipocresía, el eufemismo político, ni el protocolo típico de la corte. Durante el etílico ‘brainstorming’ nadie se cortaba, se decían verdades como puños y se proponían soluciones a los problemas del reino entre arcadas y carcajadas. Palabras que nadie hubiera osado proferir jamás sin la impunidad moral que otorga la embriaguez. Tan solo un escriba se mantenía sobrio con la finalidad de que todas las propuestas quedaran por escrito. Al día siguiente, tras sufrir la resaca correspondiente, el Rey Filipo y sus consejeros volvían a reunirse para repasar las propuestas y desgranar el trigo de la paja, tomándose, por tanto, las mejores decisiones políticas.
El bloguero, concluía su artículo pidiendo a la clase política que tomaran unos pocos gintónics y acudieran al Congreso de los Diputados totalmente borrachos, para ver si de esa forma conseguían sacar al país de la crisis, ya que sobrios no lo habían logrado; en caso contrario él votaría por el Pato Donald.
Hemos de decir que Hispania se encontraba entonces en precampaña, y todos los partidos se preparaban para las elecciones generales, que debían celebrarse el 20 de noviembre de 2011, fecha que pasaría a la historia por dar un vuelco a la realidad política del país y del mundo. Pero no nos anticipemos.

Hablemos de gobierno y oposición. Se discutía a diario por temas tan trascendentales como el aumento del paro, el Déficit Público y la alta tasa de endeudamiento del país.
—Lo primordial para crear empleo es reducir el Déficit para ganarnos la confianza de los Mercados. Para ello debemos recortar gastos —pregonaba el Presidente del Gobierno—. Pero los ciudadanos no deben preocuparse: vamos a mantener el Estado del Bienestar. Entonces el líder de la oposición, que no estaba de acuerdo, replicaba:
—¡Idioteces! ¡Lo que hay que hacer es crear empleo, reducir el déficit y ganarnos la confianza de los Mercados recortando gastos, pero sin que los ‘hispanioles’ pierdan el Estado del Bienestar!
Mientras tanto, el desencanto se cebaba en los mismos ‘hispanioles’ a los que Gobierno y Oposición juraban servir, así como en el malogrado Estado del Bienestar que prometían mantener.
Tanto fue así, que el artículo del bloguero se convirtió en texto de culto en Internet, transmitiéndose de usuario a usuario con la efectividad de una enfermedad venérea en una orgía. Con esa predisposición natural al cachondeo que caracteriza a los ‘hispanioles’, se popularizó en la calle un diálogo muy breve y a la vez representativo. Uno preguntaba: “¿Y tú a quién vas a votar?” y el otro respondía: “al Pato Donald”.
En un tiempo récord se organizó una campaña electoral alternativa que se libraba en los mentideros del ciberespacio. Se crearon dos partidos políticos ficticios: “DONALD FOR PRESIDENT” era el primero; “GINTONIC POR EL PROGRESO” el segundo. No hace falta decir que los servidores de ‘Fisbuk’, ‘Güiter’ y ‘Puenty’ echaron humo aquellos días.
Se diseñaron papeletas electorales para votar por cualquiera de las dos fuerzas políticas y así boicotear las Elecciones Generales. La idea era llenar las urnas de votos nulos, y así demostrar a los políticos que los ‘hispaniolitos’ de a pie estaban hasta las narices de ser mangoneados por ‘suplagaitas’ y ‘cagabandurrias’, y que la sociedad no debía plegarse a los deseos de los Mercados, si no todo lo contrario.
El éxito de la campaña fue arrollador. El 20 de noviembre, con más de un 95% del escrutinio, los medios de comunicación, entre la risa y el llanto, daban un tercio de escaños a “DONALD FOR PRESIDENT”, otro tercio a “GINTONIC POR EL PROGRESO”, y el tercio final se repartía entre las fuerzas políticas legítimas, incluyendo al partido del Gobierno y al de la Oposición.
A las 22 horas todas las cadenas de televisión emitían las mismas imágenes: en riguroso directo, comparecía ante las cámaras el presidente del Gobierno visiblemente tenso.
—Los ‘hispanioles’ han hablado alto y claro —dijo con el tono circunspecto que se reserva para los discursos—. El partido del Gobierno acatará la decisión de los ciudadanos con la responsabilidad que siempre nos ha caracterizado. Es por eso que quisiera felicitar personalmente al nuevo presidente.
Entonces subió al estrado el Pato Donald.
Cientos de flashes se dispararon, barruntando la portada del día siguiente. Donald saludaba triunfalmente agitando sus pequeños y graciosos guantes blancos, haciendo el gesto de la victoria, mientras subía a la tribuna de orador dando simpáticos saltitos con el culo en pompa.
A su lado apareció su gran amigo Goofy —que posteriormente se haría con la cartera del Ministerio de Hacienda—, con una bandeja de plata. Sobre la bandeja una copa ancha, llena en tres cuartas partes de un líquido transparente y carbonatado, con una rodaja de pepino encajada artísticamente en el borde.
El pato dio un trago mostrando a las cámaras su gintónic, y sin disimular su satisfacción se dirigió al público.
—¡’Hispanioles’, hemos formado un Gobierno de coalición! — chapurreó—. ¡Gracias por habernos elegido!
Entonces Goofy se acercó de nuevo, susurrando algo a su oído. El Pato Donald asintió con gravedad y continuó aquel discurso que pasaría a la historia:
—¡Estamos preparados! ¡Saldremos de la crisis! —aseguró con convicción—. Lo único que hay que hacer es crear empleo. Para eso debemos reducir el Déficit, recortando gastos superfluos e innecesarios. Así recuperaremos la confianza de los Mercados preservando, como es lógico, el Estado del Bienestar…




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