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Un Gin tonic por favor
Era un martes cualquiera y llovía sin parar. Un día de esos que uno no quiere salir a la calle para nada.
Pero Andrés sentía todo lo contrario. Y eligió ‘El Planet’, un antro que un día estuvo de moda pero que hoy seguía a flote gracias a los amigos fieles del dueño. Andrés era ese cliente que tropieza por casualidad con el bar buscando un refugio donde cerrar heridas.

—Un gin tonic, por favor —dijo sin levantar la mirada—. Gabi, que llevaba veinte años detrás de una barra supo que aquel hombre necesitaba más ginebra que tónica en el vaso. Apenas unos segundos después, otro hombre, situado a dos banquetas de Andrés, pedía lo mismo. Gabi cogió los dos vasos con una mano y con la otra los llenó de hielo hasta arriba, añadió una rodaja de limón a cada uno y, antes de coger la botella se giró y preguntó:
—¿Larios o Beefeater?
—Beefeater —contestaron al unísono Andrés y el hombre que se había sentado a su lado—. Ambos se miraron e hicieron una pequeña mueca de complicidad.
Gabi llenó bien las copas, las puso en la barra y sacó dos tónicas frías. Pero en vez de quitarles el tapón con un abridor, sacó una especie de punzón de su bolsillo e hizo un pequeño agujero en la superficie de las chapas de forma que la tónica salió con fuerza, se mezcló con la ginebra en una fiesta de espuma y, en pocos segundos, las burbujas desaparecieron.
—Es un viejo truco para que el gin tonic esté en su punto y no tenga tanto gas —dijo Gabi orgulloso mientras Andrés y el hombre que estaba a su lado lo miraban exhaustos.
—Mmmm —dijo Andrés tras tomar el primer sorbo—. Y el hombre de al lado le respondió: “Lo mismo digo”. Y ambos comenzaron a reírse.
—Soy Nacho y nunca bebo gin tonic, pero creo que empezaré a hacerlo a partir de hoy —dijo aquel hombre girándose hacia Andrés y tendiéndole la mano en forma de presentación.
—Andrés, encantado —contestó— y sólo bebo gin tonic los martes por la noche cuando quiero olvidarme de mi vida e inventarme una nueva.
—Me parece una idea brillante. Inventarse una vida nueva. Creo que yo también me inventaré una. O dos, depende de cómo salga la primera que me invente, jejeje. —bromeó Nacho.
Ambos rieron y alzaron sus copas en un gesto de brindis. Gabi, que los martes no tenía demasiada tarea, estaba limpiando la barra y sonrió. Quizás también necesitaba inventarse una nueva vida.
—Supongo que si dos hombres se sientan en la barra de un bar un martes cualquiera y piden un gin tonic que les ayude a inventarse una vida nueva es que las cosas no van muy bien —dijo Nacho mirando a Andrés.
—O que no tienen amigos, jajajajajaja. —Respondió Andrés haciendo una broma.
—Te propongo algo —dijo Nacho— cada uno contará el motivo que le ha traído esta noche aquí y el que sea peor invita a la próxima ronda.
—Ok, empieza tú —contestó Andrés.
—Está bien —asintió Nacho— y, tras dar el último trago al gin tonic, soltó la copa vacía en la barra y dijo: “Me han suspendido de trabajo y sueldo durante un año por acostarme con una alumna. Y lo peor es que estoy enamorado de ella.” Te toca a ti —dijo levantando la mirada que había mantenido perdida durante su explicación.
—Mi mujer me engaña con mi mejor amigo —dijo Andrés de golpe mientras Gabi ya estaba preparando la segunda ronda.
—Vale tío, has ganado. Apúntalo a la cuenta del caballero —dijo Nacho en voz alta mirando a Gabi, el camarero—. Este colocó los dos gin tonics sobre la barra y retiró las copas vacías. Tras unos minutos en silencio, ambos comenzaron a hablar y a reír y olvidaron el motivo que les había llevado a encontrarse en aquel bar. Durante un rato se inventaron una vida en la que no tenían problemas ni sufrían. Y entonces Nacho, con el tercer gin tonic en la mano, dijo:
—¿Quién inventaría el estúpido tópico de que los hombres no nos juntamos para hablar de mujeres y no sufrimos por ellas?
—Un hombre al que una mujer le hizo tanto daño que se fue a un bar y bebió gin tonics toda la noche —contestó Andrés con tono burlón y ambos rieron durante unos minutos.
En ese mismo instante, otro hombre llegó a la barra, se sentó en una banqueta próxima a ellos y algo cabizbajo dijo dirigiéndose a Gabi: “Un gin tonic, por favor.” Andrés y Nacho se giraron hacia él y mientras se ponían los abrigos y sacaban la cartera para pagar, Andrés le dijo:
—A éste te invitamos nosotros.
—Pero antes de salir del bar tienes que inventarte una vida nueva —añadió Nacho.
El hombre los miró algo extrañado e hizo un gesto de agradecimiento.



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