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Las fuentes del elemento
En el anterior artículo sobre la lingüística tratamos uno de los orígenes de la escritura: la escritura cuneiforme originada en Mesopotamia hace unos 5000 años.

Este tema fue mi elegido, por tratarse de una mezcla, de un paso en algún punto de la línea temporal entre los símbolos pictóricos y jeroglíficos con la representación de sonidos fonéticos, más allá de los sonidos silábicos o conjuntos de sonidos de aquel sistema de representación lingüística de los egipcios.El último componente del trío compuesto por símbolos jeroglíficos y silábicos es el sistema de escritura chino también basado en la representación de conceptos, ideas y objetos. En su versión culta, este código se representa de arriba hacia abajo o de derecha a izquierda, aunque es común poder leerlo de derecha a izquierda en su versión más cotidiana.
Los fenicios hace unos 3000 años inventaron el alfabeto latino que conocemos en España. Tremendo invento, con el que alegrar las mentes de los aventurados que deseaban o podían acceder al aprendizaje de la escritura. Con unos 30 símbolos, quedarían plasmados todos los sonidos de un lenguaje basado en el que ahora vive con nosotros, lo que haría las delicias para el proceso de expansión de la escritura. Los jeroglíficos se componían de varios cientos de caracteres, al igual que la escritura cuneiforme de Mesopotamia que estaba compuesta por unos 600 caracteres. En el caso del chino se componía de unos 1000 caracteres, o hablando con propiedad en este caso, sinogramas. Sinogramas que por complejos tienen una versión simplificada y otra tradicional que perdura y se utiliza todavía en ciertos entornos.
Uno de los motivos de la complejidad añadida existente en los caracteres chinos, reside en la intención de unificar el cielo y la tierra y dejar plasmada dicha unión en los propios caracteres. El objetivo de tamaña faena era el de poder proteger a los humanos de las maldades o secretos de los cielos. Se considera que dichos secretos quedarían descubiertos al aprender los caracteres chinos, que mediante la escritura, podrían combatir a cualquier enemigo que pretendiese acabar con el razonamiento humano, plasmado en la escritura, ya fuese el cielo, la tierra, los humanos, eventos u otros objetos. Los cinco elementos de la Tierra quedan unificados y conectados en este sistema de escritura, en sus caracteres y combinaciones posibles. El alfabeto fenicio generó la aparición de diversos alfabetos a su vez: el hebreo, el latino, el árabe y el griego. Y la expansión de las ideas a un nivel ilimitado se instauró en las vidas de todos los mortales que la fueron recibiendo con los brazos abiertos paso a paso, generación tras generación la síntesis de los alfabetos y su camino hacia la diversa unificación. Todos conectados, millones de ideas plasmadas, conceptos sin físico plasmados en un parto de ideas y de evolución.
Escribo, luego existo. Y que quede en papel, cada uno de estos píxeles. Que se derrame la tinta y se tiña del color de las pupilas de cada cual. El Bombín Cuadrado sale en papel y trasciende la efímera pantalla, que las ideas de todos nos acompañen y sus individuales caracteres también.




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