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Tocando los Wapping
La consecuencia más importante —de la guerra en Irak— para la economía de Estados Unidos... serán los 20$ por barril de petróleo. Es más que cualquier reducción de impuestos en cualquier país. Rupert Murdoch. Adelante, alégrame el día Rupert.

Es 1986. Los ‘maraviorteras’ 80’s. Entre la decadencia de Mad Max y los golpes de la heroína (la señora Tatcher) podríamos llegar a describir lo que pasó en la fortaleza Wapping. Seis mil empleados sindicados son despedidos por no aceptar las condiciones laborales. Allá vamos.
Todo este embrollo se remonta a 1931 en Australia donde nace nuestro protagonista, hijo de un Sir (que no un Sith) y una dama de buena familia. Fue educado en las mejores escuelas inglesas así que no se podía esperar que el chico no fuese a destacar. A los 20 años, tras la muerte de su padre, se puso al mando de un diario local y los medios de comunicación se convirtieron en su pasión. Poco a poco, al igual que Charles Foster Kane, fue adquiriendo poder. William Randolph Hearst inspiró ‘Ciudadano Kane’, pero podemos decir que Rupert Murdoch ha superado con creces el mito cinematográfico de Kane. Sí, hablamos del dueño de decenas de periódicos, cadenas de televisión, emisoras de radio… aunque lo más probable es que le conozcamos por ser el dueño de la cadena Fox, la de los Simpson.
Este buen hombre, por así decirlo, revolucionó las ediciones impresas en la década de los ‘80. Por aquel entonces ya era un reconocido empresario dueño de un sinfín de medios de comunicación, amigo de Margaret Tatcher y fiel sirviente del más crudo neoliberalismo. Durante meses estuvo construyendo en los antiguos muelles de Londres una nueva fábrica para imprimir sus periódicos, dotada de la mejor tecnología de la época y calificada como ‘cricket-proof’, o a prueba de piquetes. Su intención era la de trasladar la fabricación de sus periódicos a estas nuevas y flamantes instalaciones rodeadas de muros y alambre de espino. No es de extrañar que los sindicalistas se opusieran a sus planes.
Durante años, los sindicatos de tipógrafos Sogat y National Graphic Association (NGA) estuvieron luchando por mejorar las condiciones laborales. Para luchar contra los sindicatos, Rupert ideó un plan. Dijo que quería producir un nuevo periódico de tardes llamado ‘London Post’ y para ello necesitaba construir una nueva fábrica donde pudiese llevarlo a cabo. Los sindicatos, que serán corruptos pero tontos no son, sospecharon la encerrona ya que el traslado a nuevas instalaciones podría incluir unas nuevas condiciones laborales. Así fue.
Tan solo hubo dos condiciones: el derecho de la dirección a dirigir (the right of Management to manage) y un contrato con una cláusula que impedía la huelga de los sindicatos. Si hacemos recuento, tenemos una fortaleza a prueba de piquetes y trabajadores sin derecho a huelga. No hace falta ser Steven Hawkings para adivinar el resultado de esta ecuación. Unos 5.500 empleados se fueron derechitos a la sus casas tras boicotear una de las ediciones de Rupert. Al gobierno de la Tatcher le salieron ampollas de tanto aplaudir. Pero tampoco nos sorprendamos tanto. Solo hace falta encender la televisión para demostrar que la historia se repite. Continua día a día en vuestras pantallas. Así que tal vez lo mejor de todo, sea apagarlas.




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